Integrantes del Comipaz fueron mediadores en el conflicto policial

 

 
 

El Rabino Marcelo Polakoff y Monseñor Pedro Torres, en representación del Comité Interreligioso por la Paz, estuvieron en la audiencia en el Centro Cívico. Su misión: ayudar al diálogo.

Apenas aterrizado, el gobernador José Manuel de la Sota aseguró a varios medios –que emitían en edición especial el caos en Córdoba– que no habría negociación salarial con los policías acuartelados en barrio Cerveceros. Era madrugada. Sin embargo, minutos después empezaba los contactos con el representante de los uniformados, el abogado Miguel Ortiz Pellegrini, para abrir el diálogo. Cerca de las 7 las partes fueron convocadas a la negociación. Urgía encontrar una solución al conflicto que había transformado a Córdoba en tierra de nadie.

La reunión en el Centro Cívico arrancó a las 10. El jefe de Gabinete, Oscar González, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, junto a toda la plana mayor de la Policía recibieron a la comisión designada por los uniformados para su representación. Minutos después llegó el gobernador.

Del otro lado de la mesa estaban Marisa Siacca, Verónica Biamonte, Karina Casas e Ivana Banegas, esposas de los policías, acompañadas por el sargento retirado Juan Carlos Lucero y Ortiz Pellegrini.

El rabino Marcelo Polakoff y el monseñor Pedro Torres fueron los representantes religiosos del Comipaz, invitados para oficiar de mediadores en una discusión con clima de extrema tensión.

“Nos invitaron porque llevamos años de diálogo con respeto a la diversidad, y aunque no tuvimos nada que ver con el acuerdo desde lo técnico, sí lo tuvimos desde lo anímico, ayudando a un clima de diálogo, de respeto y de escucha”, contó Torres, y destacó que no fue tarea fácil: “Había gente muy cansada, muy estresada, y los ánimos se crispaban a cada rato”.

Al básico. El punto clave de la discusión era la suba del básico a 8 mil pesos que pedían los efectivos, y que. en principio, la Provincia había ofrecido “en negro”. Los acuartelados exigían que fuera al básico, y lo consiguieron a partir de febrero, pero con sus salarios de diciembre y enero cobrarán 2 mil pesos como adicional transitorio.

Uno de los momentos de mayor desencuentro se produjo por cortocircuitos en las propias filas uniformadas, cuando al campamento de Cerveceros llegó la información de que la comisión había firmado un convenio que no respetaba el pedido generalizado.

La primera reacción fue desconocer la representación de Ortiz Pellegrini como negociador, y hasta mencionaron a Alejandro Zeverín como posible reemplazante. El entredicho generó mucha incertidumbre en el Panal, y las esposas se negaban a firmar el acta que estaba “casi” cerrada.

“Hubo momentos de llanto, con mujeres presionadas que parecía que iban a levantarse e irse sin acordar, parecía que se terminaba la negociación… con Torres estuvimos a punto de ir hasta Cerveceros con ellas, pero les pedimos que se queden, hicimos lo posible por retenerlas, para bien”, relató el rabino Polakoff.

Hubo llamados cruzados entre el predio en el que estaban los policías y Casa de Gobierno, hasta que por fin se logró superar el malentendido y se arribó a un acuerdo. “Yo me hago responsable, les vamos a dar los 8 mil pesos” fue la frase de González que puso fin al tironeo, según aseguró uno de los integrantes del debate.

Habiendo acordado el incremento salarial al básico, todos coincidieron en terminar de pulir el resto del acta con premura, pero la condición interpuesta de que no habría sanciones para los acuartelados volvió a tensar la cuerda.

Los uniformados exigían que esa garantía fuera extraída del acuerdo general y que se rubricara en un documento aparte. La Provincia cedió al requerimiento, y llegó la firma del acta. Y llegó también la foto, pedida por el propio gobernador, con todos los participantes de la mesa.

Balance. “Uno entiende muchas cosas, entiende los bajos sueldos, entiende el descontento, es difícil protestar siendo fuerza de seguridad y sabiendo que esto deja un poco huérfana a la sociedad, creo que tendríamos que trabajar a futuro en algún esquema de emergencia como son las guardias mínimas en los hospitales”, evaluó Polakoff.

Torres, por su parte, llamó a una “reconversión cultural”. “Hay que recuperar la cultura del trabajo, del respeto, de la convivencia en el diálogo… no puede ser que nuestro comportamiento social dependa de un uniforme”, resumió.

“Para mí fue una noche en vela, una noche muy dura, tristísima… Creo que tal vez al principio hubo ladrones que salieron a aprovechar que no había policías en la calle, pero después fue una suerte de oportunismo contagioso: había niños llevándose cosas, a edades a las que uno no puede pensar que son delincuentes”, valoró Torres.

Mientras que Polakoff pidió reflexionar “en dónde estamos asociados como sociedad”. “No tuvimos autocontrol como sociedad, una vez que uno rompió un vidrio, otro vio la posibilidad de robar, entonces fue y robó, como si no haber roto la vidriera fuera a excusarlo, con el justificativo de que ‘yo no la rompí’”, ejemplificó el rabino.

Objetivo cumplido. Los miembros del Comipaz fueron convocados por su experiencia en el diálogo, para poner paños fríos a una jornada que se presumía muy caliente. “No podíamos pasar otra noche así, el objetivo era encontrar una solución antes del mediodía y se cumplió”, cerró Torres.

Fuente: Diario Día a Día

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