Artículos La Voz 2016

 

 

 

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La Voz del Interior, el diario más importante del interior del país, publica todos los martes desde 2005 la columna “Fraternidad Religiosa” en la sección de Opinión.

Allí, cada semana, los religiosos que conforman el COMIPAZ escriben una reflexión sobre los más variados temas, partiendo de los enfoques de sus tradiciones y su visión personal.

Éstos son los artículos publicados en el año 2016. Para ver artículos anteriores, entrar a www.lavoz.com.ar

Martes 26 de Julio de 2016

Bajar un cambio

Siempre es necesario desarrollar actitudes que expresen amor y hagan posible el diálogo auténtico. Por Pedro Torres. Obispo Católico. Miembro del Comipaz

Cuando recorremos las rutas y aparece la niebla, recordamos la recomendación de bajar la velocidad y extremar la precaución para no perder el camino, para no provocar ni sufrir accidentes, para cuidar la vida.

Esta es la imagen que venía al corazón en estos días en que hemos sido testigos de tanta violencia en el mundo, de tantos sufrimientos en nuestra patria. Una de las características de nuestra cultura es la velocidad, el vértigo, la ansiedad. No hemos asimilado una situación conmocionante y ya irrumpe otra.

Hay mucha niebla; es necesario bajar un cambio, pacificar el corazón y volver a apostar por el diálogo.

Nos recuerda en estos días el papa Francisco, dirigiéndose a las familias, algo que es válido también para la convivencia de toda la familia humana: “El diálogo es una forma privilegiada e indispensable de vivir, expresar y madurar el amor en la vida… Pero supone un largo y esforzado aprendizaje”.

Tenemos maneras distintas de comunicarnos. El modo de preguntar, la forma de responder, el tono utilizado, el momento y muchos factores más pueden condicionar la comunicación. Además, siempre es necesario desarrollar actitudes que sean 
expresiones de amor y hagan posible el diálogo auténtico.

Entre esas actitudes, la primera es darse tiempo, tiempo de calidad, como se ve en los encuentros que tenía Jesús con la gente, que consiste en escuchar con paciencia y atención hasta que el otro haya expresado todo lo que necesitaba. El otro tiene que sentir que se ha percibido su pena, su desilusión, su miedo, su ira, su esperanza, su sueño.

La segunda que refiere Francisco es desarrollar el hábito de dar importancia real al otro. Se trata de valorar su persona, de reconocer que tiene derecho a existir, desde la convicción de que todos tienen algo que aportar.

La tercera destacada es amplitud mental, para no encerrarse con obsesión en unas pocas ideas, y flexibilidad para poder modificar o completar las propias opiniones. La unidad a la que hay que aspirar no es uniformidad, sino una “unidad en la diversidad” o una “diversidad reconciliada”.

El fundamentalismo es lo opuesto a esta amplitud necesaria. El fundamentalismo, sea cual fuere el ropaje con que se revista, no cuida la vida: la mata. Frenemos el vértigo y cuidemos la paz.

 

Martes 19 de Julio de 2016

El perdón, ¿mito o realidad?

Perdonamos a otros cuando dejamos de guardar resentimiento, y no insistimos en pedir una compensación.  Por Norberto Miguel Ruffa. Pastor Evangélico. Miembro del Comipaz.

E l diario vivir nos hace protagonizar circunstancias que suelen ser desagradables. Situaciones por las que hubiéramos preferido no tener que pasar, pero que ocurrieron.

En las relaciones humanas, muchas veces se dan desencuentros que nos llevan a momentos difíciles de manejar. Hay discusiones que generan enfrentamientos, que a la vez producen heridas que normalmente no cierran o que son difíciles de cicatrizar, por las ofensas recibidas.

Sólo el poder llegar a perdonar nos da la posibilidad de olvidar lo sucedido y de esta manera encontrar alivio y paz.

Perdonar no es fácil para el ser humano, pero ello no significa que sea imposible. Disculpar a alguien que nos ofendió, no teniendo en cuenta su falta, significa que lo hemos perdonado.

En la Biblia, la palabra griega que se traduce por “perdonar” significa literalmente “dejar pasar”, como cuando una persona deja de pedir que se le pague una deuda. Esta comparación fue usada por Jesús cuando enseñó a sus discípulos a orar: “Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben” (Lucas 11:4).

Perdonamos a otros cuando dejamos de guardar resentimiento y no insistimos en pedir una compensación por el daño que nos hayan hecho o por la pérdida que tuvimos.

Suele suceder también que alguien nos trata mal, se niega a disculparse y no reconoce su error. La Biblia dice: “Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal”.

Aunque nos afecte y no estemos de acuerdo, no debemos permanecer con el enojo, que es totalmente perjudicial y destructivo y luego se transforma en odio. Tengamos confianza en Dios, que a su tiempo Él hará que se haga justicia. Él es quien hace desaparecer las heridas emocionales que nos causan tanto dolor.

Los conflictos que vemos en nuestra sociedad son permanentes y cada vez más graves. Hoy podemos encontrar en Dios la ayuda para poder perdonar. Sin él, se nos va a hacer muy difícil.

Martes 12 de Julio de 2016

Miércoles

Musulmanes en la sinagoga y judíos en la mezquita. Una foto cotidiana que solamente sucede en Córdoba. Por Marcelo Polakoff. Rabino. Miembro del Comipaz.

No fue como otros miércoles y menos aún “un día de miércoles”, a la usanza escatológica. Fue el miércoles pasado, el 6 de julio. Y no pasó inadvertido, de ningún modo.

Desayuné en la mezquita, un lujo que lamentablemente muy pocos rabinos del planeta pueden darse. Es que se trataba precisamente de Id al Fitr, la fiesta del desayuno que se realiza al final del Ramadán.

Compartí con alegría y gratitud esta festividad islámica, todavía con el gustito precioso de haberles organizado, la semana anterior en nuestra sinagoga, una comida de camaradería para que ellos cortaran el ayuno diario.

Musulmanes en la sinagoga y judíos en la mezquita, compartiendo sus celebraciones. Una foto cotidiana que sólo sucede en Córdoba.

(Versión digital)

Martes 5 de Julio de 2016

Islam, religión y nacionalismo

¿Cuál es la relación que existe entre el islam y los nacionalismos? Por Alí Badrán. Imán, miembro del Comipaz.

¿Cuál es la relación que existe entre el islam y los nacionalismos? Algunos teólogos dicen que el islam es una religión internacional, razón por la cual no puede ser confinada dentro de ningún límite territorial. Sin embargo, otros intelectuales sostienen que la nación es un concepto geográfico, mientras que la religión es un concepto espiritual.

Sabemos que el concepto de nación es de origen moderno y que se originó en Europa allá por el siglo XVII, después de que el movimiento protestante desafiara a la autoridad del Papa.

Por otro lado, muchos musulmanes afirman que la religión no puede separarse de la política, ya que ambas deben permanecer unidas. Estos teólogos niegan por completo la legitimidad de lo que se dio en llamar “nacionalismo laico”. Opinan que el laicismo no tiene cabida en el islam y que la política de carácter laico debe ser rechazada totalmente, al igual que el nacionalismo. Como estos conceptos son modernos, no existen precedentes ni en el Corán ni en otros Libros Sagrados.

El islam ha desarrollado el principio de plena libertad de conciencia y debe ser aplicado de un modo inequívoco por todos los regímenes políticos del mundo musulmán, teniendo en cuenta siempre que la forma democrática de gobierno está muy en consonancia con el espíritu de todas las creencias religiosas monoteístas.

Las dictaduras, los gobiernos dinásticos y militares son totalmente contrarios a las enseñanzas del islam. A la idea de “Estado Islámico”, no se la encuentra en ninguna parte del Corán, como tampoco en ninguna de las Tradiciones del Profeta Mahoma, donde sólo se reconocen los derechos y obligaciones que corresponden tanto a gobernantes como a gobernados.

El concepto de “Estado Islámico” fue acuñado por los países colonialistas durante el transcurso del siglo pasado, cuando habían invadido y ocupado varios países de Asia y África, cuya población profesa mayoritariamente la religión islámica.

Mencionamos algunas de las recomendaciones que hacía el profeta Mahoma: “Dios nos ha revelado que debemos tener humildad, que nadie debe actuar con orgullo ni de un modo opresivo sobre otro, como tampoco alguien que gobierne debe enorgullecerse por encima de sus súbditos. Siempre se debe ser justo y confiar en Dios Todopoderoso”.

Uassalamu Alaicum (La paz sea con todos).

Martes 28 de Junio de 2016

Los congresales pensaron en nosotros

No cabe duda de que somos la razón de la sacrificada y riesgosa entrega de sus vidas, tiempo e intereses. Por Federico Palacios. Diácono Católico, Integrante del Comipaz.

Es imposible que no fluyan los sentimientos y emociones ante una celebración tan importante como la del Bicentenario de la Declaración de la Independencia argentina. En mi caso, no sólo por ser argentino, sino por haber vivido muy cerca de aquella casa tan significativa que se volvió no sólo “la casita de Tucumán” –como cariñosamente la llamamos desde los primeros años de escuela–, sino la “casa de todos los argentinos”.

En el documento Bicentenario de la Independencia. Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos , nuestros obispos retornan una y otra vez a la imagen de la “casa” como lugar de encuentro, de diálogo y de búsqueda del bien común, que se vuelve para nosotros un símbolo de lo que queremos ser: “La Nación ‘independiente y libre’ se gestó en una ‘pequeña provincia’ de la Argentina profunda, entonces muy vulnerable por sus escasos recursos y el avance realista. Los congresales hicieron de una ‘casa de familia’ un espacio fecundo, donde se desarrolló una auténtica deliberación parlamentaria”.

En ese ambiente doméstico, los diputados de lugares tan distantes se vincularon como hermanos, motivados por la causa suprema que los convocaba. Si bien por momentos dominó el disenso, la comunión en lo esencial hizo que el diálogo razonable superase las diferencias y primó el interés común. Así, nos legaron el Acta fundante de nuestra argentinidad; prometieron ante “Dios y la señal de la Cruz” sostener “estos derechos hasta con la vida, haberes y fama”. Cada ciudadano y ciudadana, y sobre todo nuestros representantes actuales, deberíamos imitar sus actitudes, sobre todo en los momentos de crisis.

Con certeza, los obispos nos señalan lo que movía el corazón de aquellos padres de la Patria: “Los congresales pensaron en nosotros, y no cabe duda de que somos la razón de la sacrificada y riesgosa entrega de sus vidas, tiempo e intereses, que sin titubeos nos ofrecieron”. De la misma manera, pensemos nosotros en los que vendrán.

Martes 21 de Junio de 2016

Recuperando la alegría de vivir

La alegría es un sentimiento fundamental para ayudarnos a vivir. Por Norberto Ruffa. Pastor Evangélico. Miembro del Comipaz.

Cuántos acontecimientos negativos vemos que ocurren en estos días en nuestra sociedad. Acontecimientos que, al considerarlos, producen sentimientos que a veces son difíciles de superar, y que afectan de esta manera el diario vivir.

La gran mayoría de las noticias que recibimos son muy negativas, esto hace que se produzca un sentimiento de tristeza, y es entonces cuando desaparece la alegría.

Cuando ponemos atención en las malas conductas que tienen algunos, cuando permanentemente comentamos lo mal que está el país y la sociedad en que vivimos, cuando escuchamos a la gente quejarse de todo lo malo que le pasa, es cuando nos invade ese sentimiento negativo de tristeza que tanto nos afecta.

Es sabido que el negativismo termina enfermando, por lo tanto necesitamos tener pensamientos positivos que produzcan la alegría que ayuda al mejoramiento de la salud, tal como lo establecen los estudios médicos. (Versión digital)

Martes 14 de Junio de 2016

El Sinaí y Orlando

¿Hay algo que vincule estos dos hechos, más allá de la simultaneidad de lo acaecido? Me parece que sí, y mucho. Por Marcelo Polakoff. Rabino. Miembro del Comipaz.

Era sábado por la noche. En la comunidad judía de Córdoba, estábamos festejando el inicio de la festividad de Shavuot, que recuerda el suceso del Monte Sinaí y la entrega de las Tablas de la Ley, algo ocurrido hace más de 3.300 años, pero con incidencia plena en la actualidad.

Mientras decenas de familias volvíamos a repasar semejante historia, en Orlando un asesino muy bien pertrechado daba rienda suelta a la violencia más cruel y les quitaba la vida a 50 personas. Homofobia, racismo, extremismo y demás sustantivos intentan explicar este fenómeno que lamentablemente no tiende a frenarse, sino todo lo contrario.

¿Hay algo que vincule estos dos hechos, más allá de la simultaneidad de lo acaecido? Me parece que sí, y mucho. Y que tiene que ver con la apropiación nefasta de la idea del todo. Ninguna tradición religiosa es inmune a los fundamentalismos, y cuando quienes ostentan el poder –por las razones que fuera– se constituyen en el epítome de la verdad, hay que salir corriendo.

Cuando los mercenarios de las religiones toman por asalto los textos y los embeben en violencia, usándolos como excusa para dominar al resto, la ley queda deshecha y la humanidad queda 
a merced de la barbarie.

Si la idea de lo divino se desconecta de lo vital, allí es donde deben sonar todas las alarmas. Cuando la palabra “Dios” se asocia al castigo, a la crueldad y a la opresión, hay algo que estamos leyendo mal.

¿Por qué la Torá fue entregada en el desierto? Esta pregunta, que se asoma banal, contiene una lección maravillosa. Ningún territorio con dueño tuvo el privilegio necesario como para ser la sede de este momento de revelación. Lo divino y su ley se entrelazaron con lo humano y su misterio en un pequeño monte perdido en un enorme desierto. Un lugar sin dueño, sin bandería de ningún tipo. Nada casual. Se trata de afirmar precisamente eso: que nadie puede enseñorearse del mensaje; que el que se quiere apropiar del todo ya empezó mal su camino, porque lo total es, en todo caso, patrimonio de lo divino, porque lo humano es siempre parcial.

Sucesos como el de Orlando po­­nen en evidencia lo extremadamente imperioso que se nos ha­ce recordar que los mandamien­tos (la ley) son la garantía de la coexistencia, siempre y cuando nadie disponga de ellos a mansalva.

Martes 7 de Junio de 2016

El trabajo conjunto por la pacificación

El papa Francisco es una de las personalidades que más trabaja por el diálogo interreligioso. En 2014, recibió a un dignatario musulmán y al primado anglicano. Por Ali Badrán. Imán. Miembro del Comipaz.

La universidad de Al Azhar, en El Cairo, Egipto, es el más importante instituto educacional para el mundo islámico, tanto desde el punto de vista histórico como religioso, y también arquitectónico. Integra el conjunto conocido como “El Cairo Histórico” y fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad. Además, es considerada la mezquita nacional de Egipto. En 975, fue fundada como mezquita; 13 años después, comenzó a funcionar como escuela universal. Es la segunda universidad islámica en antigüedad, superada sólo por la Universidad Al Karauiyin, de Marruecos.

El papa Francisco es una de las personalidades que más trabaja por el diálogo interreligioso. En 2014, recibió a un dignatario musulmán y al primado anglicano. Juntos dieron una declaración para aunar esfuerzos en busca de la paz, en contra del trabajo esclavo, de la explotación infantil y del tráfico de personas.

En este documento, se pide a todos los creyentes que, por medio del ayuno, la plegaria y la limosna, desarrollen campañas de sensibilización y solidaridad en los hogares, en las escuelas, en las universidades, en todo lugar de trabajo.

En febrero, una delegación vaticana viajó a Egipto para visitar a las autoridades de la universidad Al Azhar, para reafirmar el diálogo bilateral. Esta delegación estuvo encabezada por el obispo Miguel Ángel Ayuso Guixot, secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y se invitó al rector de la universidad islámica a una reunión con el Papa en el Vaticano. En mayo, el Papa recibió en el Palacio Apostólico del Vaticano a miembros del Consejo de Ulemas de la universidad de El Azhar para el diálogo religioso, encabezado por su rector, el chaij Ahmad Attayib.

La reunión se desarrolló en un tono cordial y fraterno, según lo anunció el vocero oficial de la Santa Sede a través de un comunicado. Detallaron que tanto el Imán como el Pontífice subrayaron el gran significado de este encuentro de diálogo entre católicos y musulmanes.

Ambos dignatarios mostraron su común compromiso por la paz en todo el mundo, el rechazo al terrorismo y a la violencia, además de insistir en que pronto prevalezca la paz en todo el planeta, en especial en Medio Oriente, como también se comprometieron a velar y a proteger todos los santos lugares en Jerusalén.

Uassalamu Alaicum (La paz sea con todos).

Martes 31 de Mayo de 2016

Reconocernos hermanos

Tenemos una oportunidad providencial para crecer como nación: reconocernos como hermanos. No la dejemos pasar. Por Pedro Torres. Obispo Católico. Miembro del Comipaz

El fin de semana pasado, la Iglesia Católica celebró la fiesta del cuerpo y la sangre de Jesús, y con ella, como pueblo que camina desde y hacia la Pascua, en nuestro país nos encaminamos a celebrar el Bicentenario de la Independencia patria en el Congreso Eucarístico de Tucumán.

En la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, se aprobó el documento “Bicentenario de la Independencia. Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos”. El documento está compuesto por una introducción y cinco capítulos: “Una justa y esperada reparación de la memoria”, “Organizar la casa común”, “Algunos males de la casa común”, “Independencia y educación” y “Casas de encuentro”.

El recorrido de todo el texto se hace a partir de la imagen de una casa que, como la Casa Histórica de Tucumán, alberga los deseos del pueblo con una mirada hacia el futuro. En la introducción, los obispos aclaran el tenor del mensaje. Se trata de “pensamientos que anhelamos compartir para estimular el diálogo desde un hecho histórico que nos dio origen como Nación y que, a su vez, nos interpela a pensar juntos qué país queremos ser”.

En el capítulo tres, se describen males de la casa común: “Todo lo que afecta a los valores sociales y a la vida íntegra de cada argentino es un atentado contra la casa común: el principal de nuestros males es el desencuentro que no nos deja reconocernos como hermanos, a lo que le siguen la corrupción generalizada, la plaga del narcotráfico y el descuido del medio ambiente. Estos son algunos ejemplos que muestran que la gran familia de los argentinos está en riesgo y que la casa que compartimos puede resquebrajarse”.

El mensaje analiza estos tres males: corrupción, narcotráfico y descuido de la casa común, y deja para el capítulo cuatro el análisis de la educación que estamos necesitando, y para el siguiente, la invitación a encontrarnos. Nos dice: “La casa común que formamos todos los argentinos (…) no se cuida y se construye sólo preservando el bienestar material de los ciudadanos, sino desarrollando un proceso educativo que, además de ofrecer información y capacitación, forme a los argentinos en valores, los haga capaces de reconocer sus fragilidades y desarrolle en cada uno las virtudes cívicas que conforman una red de compromisos estables”.

En el quinto, hay un llamado a reconocer el Bicentenario como una ocasión providencial para el reencuentro, manifestando que estas reflexiones son fruto de una fe que no puede relegarse a la intimidad o al interior de los templos, porque Jesús “nos convoca a una vida compartida, a un compromiso por el bien de todos, a un sentido comunitario y social, como ciudadanos de la única casa que es nuestra Patria. Esta casa común la construimos entre todos por medio del diálogo activo, que busque consensos y propicie la amistad social hacia una cultura del encuentro”. Luego se destacan las figuras de María Antonia de la Paz y Figueroa (Mama Antula) y del beato José Gabriel del Rosario Brochero, que serán proclamados beata y santo.

Tenemos una oportunidad providencial para crecer como nación: reconocernos como hermanos. No la dejemos pasar.

Martes 24 de Mayo de 2016

La mentira versus la verdad

El tipo más grave de mentira es la calumnia. Por medio de ella, se imputa a algún inocente por una falta no cometida para sacar algún provecho. Por Norberto Ruffa. Pastor Evangélico. Miembro del Comipaz

Los acontecimientos que suceden a diario hacen que tengamos que escuchar un sinfín de comentarios. Muchas son las opiniones que se vierten a favor o en contra respecto de todo lo que acontece en el seno de nuestra sociedad.

Cuando escucho hablar tanto a unos como a otros, viene a mi mente la idea de que asistimos a un continuo enfrentamiento, como si estuviéramos en un encuentro boxístico.

Puedo imaginarme al presentador de la velada pugilística decirles a todos los presentes: “En este rincón, la verdad, y en este otro, la mentira”.

Tanto uno como el otro contendiente aparecen detrás de personajes que se caracterizan por interpretar los hechos cada uno a su manera. Por supuesto que todas estas personas dicen estar ubicadas en el banquillo de la verdad y no en el banquillo de enfrente.

De esta manera, se produce un enfrentamiento entre verdad y mentira, lo que genera una confusión absoluta. Confusión que surge a partir de no saber quién es el que miente y quién dice la verdad.

El tipo más grave de mentira es la calumnia. Por medio de ella, se imputa a algún inocente por una falta no cometida para sacar algún tipo de provecho.

En ocasiones, la calumnia es usada para destruir al otro, a veces por el solo hecho de que este piensa diferente.

La mentira, por lo tanto, implica una intención de engaño, pues quien la pronuncia espera que el otro tome sus palabras como veraces.

La verdad, por el contrario, tiene que ver con la honestidad, la buena fe y la sinceridad, elementos estos que son necesarios para que los seres humanos podamos relacionarnos de manera correcta.

Cuando hablamos con la verdad, estamos demostrando que hay una conformidad de lo que decimos con lo que pensamos o sentimos. En la Biblia, San Juan dice: “Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios” (Juan, 4-20, 21).

Estar en la verdad es estar en la luz, demostrando así la transparencia necesaria para no ocultar la mentira en caso de que aparezca.

Jesús les dijo a quienes lo seguían: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos, y conocer la verdad los hará libres” (San Juan, 8-31,32).

La mentira ata y aprisiona al que la pone en práctica. Por el contrario, la verdad libera, rompe cadenas, trae felicidad a quien anda en ella y paz a quien la practica.

Sentirse libre no sólo es beneficioso para uno mismo, sino que además permite al que así se siente ayudar a otros, para que puedan también estos liberarse de la carga que los ata y oprime como consecuencia de haber practicado la mentira.

Jesús es verdad; por lo tanto, encontrarse con él es encontrarse con la luz que disipa las tinieblas, es encontrarse nada más ni nada menos que con la verdad. Dios te bendiga.

Martes 17 de Mayo de 2016

Gracias, Paul; gracias, Iuval

La música se hace tan imprescindible como la ganadería y la herrería para aquellos que tienen la bendición de disfrutarla. Por Marcelo Polakoff. Rabino. Integrante del Comipaz.

Paul es evidentemente McCartney. ¿Y quién es Iuval? Ni apellido tiene, pobre. Pero sin él, Paul no sería nada…

Puede ser que exagere, pero verán que no tanto. El apoteótico recital del mítico Beatle, que tuve la dicha de compartir con mi hija adolescente (y otros 40 mil maravillados asistentes al Kempes), fue una expresión más –pero realmente única en su tipo– de lo que puede causar la música en los seres humanos.

Ese conjunto inefable de sensaciones que conmueven el alma es el resultado de integrar sonidos y voces diferentes en una armonía que tal vez sea imposible de imitar, aun con la más bella de las poesías.

Es que sucede que la poesía que se logra instrumentalizar cobra una dimensión cuasisagrada (o sagrada a secas, a veces) que penetra en el espíritu mucho más profundo que una antología de vocablos entremezclados con la mayor de las sapiencias.

Volvamos a Iuval. No es tan conocido como Paul, pero tiene un privilegio que nadie más puede ostentar. Es el inventor de la música, al menos desde el texto bíblico. La Torá, en el cuarto capítulo del Génesis, en medio de una suma de genealogías que datan desde Adán, nos cuenta acerca de tres personajes primigenios a quienes dota del título de “iniciadores”.

Iaval es “el antepasado de los que crían ganado”, vale decir el primer ganadero. Tuval Caín (en vez de doble apellido, este personaje tiene doble nombre) aparece como el primer “herrero y forjador de toda clase de herramientas de bronce y de hierro”, y nuestro querido Iuval es aquel a quien literalmente se le asigna ser “el antepasado de los que tocan el arpa y la flauta”.

Iuval sería, entonces, el músico iniciático, el primer “Paul”. Curioso por donde se lo mire, porque más allá del dato anecdótico de este precoz surgimiento de la música en el texto bíblico, se me hace relevante desgranar el sentido de este primitivo trío.

Que La Torá nos diga que entre las tres primeras profesiones de la humanidad se hallan la de un pastor y la de un herrero, no suena extraño, pues estamos ante la presencia de quien se ocupa de la alimentación, junto con aquel que se ocupa de la idea de la manufactura.

Es una integración perfecta entre lo que provee la naturaleza desde su riqueza y aquello que el hombre fabrica a partir de ella, transformándola y modelando así las herramientas que le permiten mejorar su calidad de vida.

¿Pero qué hay, entonces, de la música como necesidad básica? En principio, parece que nada. Podríamos –por supuesto– vivir sin música; podríamos prescindir de Iuval para nuestra existencia. Pero la verdad es que no, de ninguna manera.

La vida que no se vive más allá de lo básicamente necesario, en última instancia, no es vida con mayúscula.

La música, así, se hace tan imprescindible como la ganadería y la herrería para aquellos que tienen la bendición de disfrutarla. ¿Será por ello que la misma Torá no se lee, sino que se canta?

No lo puedo afirmar, pero sin dudas nuestras vidas no serían lo mismo sin Paul. Y sin Iuval.

Martes 10 de Mayo de 2016

La palabra “tiranía”

Frente a Dios, el hombre inventa unas estructuras para gobernar en la tierra, y el sistema democrático es el más aceptado en todo el mundo. Por Ali Badrán. Imán. Integrante del Comipaz.

Estamos usando con tanta frecuencia la palabra “tiranía”, que muchas veces designamos con ella a regímenes políticos o situaciones anormales que no son estrictamente tiránicos.

Sabemos que se denomina “tiranía” al gobierno de los dictadores, pero también se lo aplicamos al opositor político, sobre todo a aquel que profesa una ideología contraria a la nuestra.

Podríamos considerar que la idea de la tiranía como una seudoforma política es universal. Se habla de tiranía totalitaria, tiranía de la opinión pública y hasta podemos recordar al escritor francés Alexis de Tocqueville, que escribió un afamado estudio sobre “La tiranía de la mayoría”.

Se sostiene que bajo un régimen tiránico no hay verdaderas libertades individuales, ni políticas, ni civiles.

El tema de la tiranía es tan amplio que nos puede llevar a considerar otros puntos, como es el de la problemática del derecho a la resistencia, dado que este es uno de los fundamentos de las libertades individuales.

En religión

Ahora bien, cuando venimos al ámbito religioso, partimos siempre de la premisa de que toda la soberanía le pertenece sólo y únicamente a Dios, que es el que gobierna, dirige, decide y ordena la totalidad de lo que existe en el mundo.

Leemos en el Corán: “De Dios es el dominio de los cielos y de la tierra; Él tiene el poder para disponer cualquier cosa. Verdaderamente en esa creación y la sucesión de la noche con el día, hay mensajes para todos los dotados de inteligencia. Y para los que recuerden a Dios, estando de pie, sentados o cuando se acuestan, los que además meditan sobre esas creaciones y dicen: Oh, nuestro Sustentador, te agradecemos todo lo que has creado, porque vemos que tiene un buen significado y un noble propósito” (3-18/20).

Si bien la separación de la religión y la política es una regla, vemos que los estudiosos religiosos y los teólogos tienen atribuidas funciones como la doctrina, el culto, la beneficencia o la educación. Por otro lado, los reyes, los gobernantes o los presidentes de países desempeñan distintas tareas públicas, como cobrar impuestos, ejercer el poder de policía, velar por la buena salud de su pueblo y todo lo que corresponda a su función política.

Esta separación de los roles correspondientes a cada estamento está doctrinalmente establecida y justificada.

La ley y Dios

Frente al real poder y soberanía de Dios, el hombre inventa unas estructuras para gobernar en la tierra, y el sistema democrático es el más aceptado en todo el mundo.

A menudo, algunas personas afirman que inventan o crean nuevas leyes, designándolas a veces con su propio nombre o apellido, olvidando que ese descubrimiento no es más que la confirmación de una ley ya existente, creada antes por Dios.

De igual forma, afirmamos que todas las leyes terrenales son leyes porque Dios así lo ha querido. Uassalamu Alaicum (la paz sea con todos).

 

Martes 3 de Mayo de 2016

Hace falta una “neumoterapia”

Argentina necesita del tratamiento del Espíritu Santo, que la sane, la vivifique y la reconstruya como nación. Por Federico Palacios.Diácono católico. Miembro del Comipaz

En un par de semanas, los cristianos de Occidente estaremos celebrando la solemnidad de Pentecostés. Habrán pasado 50 días después de la celebración de la Pascua de resurrección de nuestro señor Jesús.

Por este motivo, se trata de una festividad que pone término al tiempo pascual; es su coronamiento: Jesús resucitado cumple la promesa de enviar el Santo Espíritu ( ruah , en hebreo; pneuma , en griego).

Pero esta fiesta ya tenía importantes antecedentes: a los 50 días de la Pascua, los judíos celebran la fiesta de las siete semanas, que en sus orígenes tenía carácter agrícola.

Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias, en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos 50 días después de la salida de Egipto.

Para los cristianos, en el día de Pentecostés, el Espíritu de la promesa se derramó sobre los discípulos, reunidos en un mismo lugar, que lo esperaban perseverando en la oración.

Había sido derramado aquel Espíritu de Dios que, según el profeta Ezequiel en su visión de los huesos secos, vivifica a los muertos y los hace salir de las tumbas, imagen de la reconstrucción del pueblo de Israel.

Cobra actualidad esta promesa frente a la experiencia de muerte que nos rodea como sociedad y que los medios de comunicación evidencian, a veces de forma cruel: muerte física y espiritual, muerte personal y colectiva, muerte cultural y de civilizaciones…

Decía el teólogo jesuita Víctor Codina: “Nuestra fe en el Espíritu de vida se convierte en roca y áncora firme de esperanza. La vida, el amor, la misericordia, el perdón, la santidad, la bondad… son más fuertes que la muerte”.

En Pentecostés, había sido derramado aquel Espíritu de Dios simbolizado bíblicamente en el agua que brota del templo hacia el oriente y desemboca en el mar y todo lo sana y vivifica, según narra el profeta Ezequiel.

El Espíritu Santo ha venido a salvar, curar, enseñar, aconsejar, fortalecer, consolar e iluminar. En primer lugar, al que lo recibe; y después, por medio de él, a los demás.

El padre Raniero Cantalamessa nos dice: “Debemos hacer una buena terapia de Espíritu Santo. Por analogía con la helioterapia, podemos llamarla ‘neumoterapia’, tratamiento de Espíritu Santo.

La helioterapia consiste en exponer, por ejemplo, en la playa, nuestro cuerpo a la luz del sol, rica en rayos ultravioleta; la ‘neumoterapia’ consiste en exponer toda nuestra persona –mente, voluntad y cuerpo– a la luz invisible, pero poderosa, del Espíritu de Dios”.

Pensaba: ¿no nos hará falta una “neumoterapia” como sociedad argentina? Hay heridas que no terminan de sanar y que nos hacen experimentar cuánto cuesta perdonarnos. Como en otros momentos de nuestra historia, a veces cedemos a la impunidad o a la revancha. Esto nos mata interiormente y nos mata como sociedad.

Argentina necesita del tratamiento del Espíritu Santo, que la sane, la vivifique y la reconstruya como nación. Como implora una antigua oración litúrgica: “Padre de misericordia, que la fuerza curativa de tu Espíritu (…) sane nuestras maldades y nos conduzca por el camino del bien”.

Martes 26 de Abril de 2016

Liderazgo y autoridad

Me enseñaron mis maestros que “la autoridad se recibe de abajo hacia arriba, para recién entonces poder aplicarla de arriba hacia abajo”. Por Norberto Ruffa. Pastor evangélico, miembro del Comipaz

Si tenemos en cuenta que un líder es una persona que se encarga de orientar y guiar a un pueblo en cierta dirección, llegamos a la conclusión de que muchos dicen serlo, pero en realidad distan bastante de reunir las condiciones necesarias.

En la actualidad, es común encontrar líderes que, más que preocuparse por los intereses de los otros, se ocupan de satisfacer sus propios intereses, dejando así de resolver las necesidades del pueblo (del que tanto hablan).

Esto no siempre es así, pero los últimos acontecimientos ocurridos en nuestra sociedad confirman lo que estamos diciendo.

La función del líder es ejercer una influencia que estimule a las personas para que trabajen en pos de un objetivo común. Ahora nos preguntamos: ¿es posible tener autoridad sin ser autoridad?

Hace mucho tiempo, me enseñaron mis maestros que “la autoridad se recibe de abajo hacia arriba, para recién entonces poder aplicarla de arriba hacia abajo”.

Para ser más claro, diría que a la autoridad me la dan y que no puedo ejercerla si antes no la recibo.

Como se suele decir: no se puede dar lo que no se tiene. Por desgracia, la autoridad que se recibe, al ser mal usada, en muchos casos se transforma en autoritarismo.

El autoritarismo es una conducta perversa y quien la pone en práctica termina dividiendo y hasta destruyendo a una sociedad. En la Biblia, tenemos muchos ejemplos de quienes ejercieron como líderes una autoridad que fue otorgada por Dios.

Hombres que tuvieron la responsabilidad de guiar, incentivar, motivar, exhortar a nada más y nada menos que a los israelitas, que eran el pueblo de Dios. Un pueblo difícil, con virtudes y defectos, tal como tenemos cada uno de nosotros.

Estos líderes de Israel –Abraham, Moisés, David, Nehemías, Josué y muchos más– tuvieron la tremenda responsabilidad de guiar a este pueblo. Y lo hicieron con mucho temor de Dios (cuando digo “temor”, me refiero a respeto y no a miedo), y siempre tuvieron resultados positivos, porque entendieron que la autoridad que tenían no era de ellos sino que venía de Dios. Él era quien les daba esa autoridad; sólo tenían que llevarla a la práctica.

Un caso muy interesante es el del Uzías, quien, cuando murió su padre –Amasías–, tuvo que hacerse cargo del reino tal como era la costumbre. Fue elegido rey a los 16 años. Dicen las Escrituras que, ante tamaña responsabilidad a esa edad, Uzías “persistió en buscar a Dios, y en estos días en que le buscó, Dios le dio prosperidad”, de acuerdo con las Segundas crónicas (26-5).

Hoy, más que nunca, es tiempo no sólo de buscar a Dios, sino de persistir en hacerlo como lo hizo Uzías. Esta búsqueda va a dar como resultado el recibir toda la ayuda de parte de él y encontrar esa prosperidad espiritual y material tan necesaria para el ser humano.

Estos líderes mencionados tuvieron éxito porque recibieron la autoridad de Dios, y cuando el pueblo entendió de quién venía esa autoridad, de inmediato se la dieron a ellos.

Tener a Dios es tener su autoridad, que es tan importante y tan necesaria.

Dios te bendiga.

Martes 19 de Abril de 2016

Noé, el primer fiestero

Si pudiéramos contagiar la idea de la sacralidad de la vida, esa idea revolucionaria que empezará a cristalizarse en las mismas páginas de la Torá, nadie se vendería por tan poco. Por Marcelo Polakoff

Suena irreverente, y un poco lo es. Pero los títulos suelen tener esa cuota feroz de impertinencia con el casi único deseo de atraer la atención de los lectores hacia los párrafos que prosiguen a su desfachatez. De todos modos, si las líneas que siguen no aumentan en relevancia, obviamente serán abandonadas tal como se abandona un barco en pleno hundimiento (aunque, dado el tema que nos toca, habría que hablar de un arca…).

Yo sé bien que fue elegido por el Creador para iniciar el segundo intento de humanidad, después de haber fracasado con el primero.

La Torá es más que clara al respecto, y el horrendo diluvio descripto en el Génesis no hace más que confirmarlo. Dios estaba harto de tanta violencia humana, así que se arrepiente de su obra y decide dar las cartas de nuevo, para lo cual selecciona a Noé y su familia (su esposa, sus tres hijos y tres nueras) para esta segunda vuelta. Les advierto –por si no lo recuerdan– que esta nueva intentona tampoco le saldrá muy bien que digamos.

Pero volvamos a la fiesta, si es válido llamarla así. Sucede al finalizar el diluvio, y es uno de los episodios menos conocidos del texto bíblico, tal vez porque no es muy políticamente correcto para Noé, y mucho menos para quien lo eligió para recomenzar la humanidad. Pero está allí, muy explícito, tres capítulos después de iniciado el diluvio.

Martes 12 de Abril de 2016

El profeta Abraham y su único Dios

La fe de Abraham no sólo es la fe en un Dios, implica la promesa de que serán bendecidas todas las personas, todos los pueblos del mundo. Por Ali Badrán. Imán. Integrante del Comipaz

Uno de los profetas de cuya vida más se ha escrito es Abraham, llamado Ibrahim en idioma árabe, quien fue distinguido por nuestro creador como un ejemplo para toda la humanidad y que vino a transmitir el mensaje de la unicidad de Dios, uno y único.

Era descendiente de Sem, hijo del profeta Noé, y contemporáneo del profeta Lot, su pariente. Algunos dicen que nació en Urfa, en las tierras de Aram, de la actual Palestina. En cambio, otros sostienen que nació en Ur, antigua población de Caldea, en la Mesopotamia, hoy conocida como Irak, donde en ese entonces gobernaba un tirano llamado Nemrod.

Lo más importante de la vida del profeta Ibrahim es lo que menciona el Corán sobre la forma en que razonó para reconocer la existencia de un solo Dios verdadero.

Cuando la noche cayó sobre él, vio una estrella y dijo: “Este es mi Señor”; pero cuando desapareció se dijo: “No adoro lo que se desvanece”. Cuando vio que salía la Luna, afirmó: “Este es mi Señor”, pero al observar que desaparecía, murmuró: “Si mi Señor no me guía, seré de los extraviados”. Cuando vio al Sol en su gran esplendor, exclamó: “Este es mi Señor, porque es el mayor de todos”, pero cuando se ocultó, habló ante sus seguidores: “Creo en Dios, el que ha creado los cielos, la Tierra y todo lo que existe y vemos en el universo”.

El padre de Abraham se llamaba Azar y fabricaba ídolos de madera y piedra, a los que el pueblo adoraba.

Cuando comienza a predicar entre su gente la creencia en un solo Dios, Ibrahim destruye algunos de esos ídolos, por lo cual deciden castigarlo arrojándolo a las llamas. Pero en ese instante se larga a llover de tal modo que resulta imposible quemarlo, por lo cual lo liberan y lo condenan al destierro.

De ese modo, junto a sus seguidores y a su esposa Sara, emprenden un viaje que los conduce a la tierra de Canaán.

Después, siguen hasta Egipto, donde el faraón le obsequia a Abraham una princesa llamada Hayar, pues en esa época era costumbre que como demostración de afecto los gobernantes regalaran alguna de las mujeres que integraban su séquito.

Tiempo después, Abraham tiene un hijo con Hayar, al que le pone el nombre de Ismael; luego tiene otro hijo con su esposa Sara, al que llama Isaac.

Ismael también fue profeta y de su descendencia llegamos al profeta Muhamad (Mahoma), quien predicó en tierra de los árabes y cuyas revelaciones divinas figuran en el Corán.

Ibrahim no fue ni judío ni cristiano porque en su época aún no habían sido revelados ni escrito ninguno de los libros sagrados, como la Biblia, los Evangelios o el Corán. Pero sí lo reconocemos como el primer monoteísta y el mejor de los creyentes sometido al Dios uno y único.

La fe de Abraham no sólo es la fe en un Dios, sino que implica la promesa de que serán bendecidas todas las personas, es decir, todos los pueblos del mundo.

Esta promesa está dirigida a su descendencia y fue transmitida por los profetas que le sucedieron. Uassalamu Alaicum (La paz sea con todos).

Martes 5 de Abril de 2016

No matemos la moral

¿Este progreso, cuyo autor y fautor es el hombre, hace la vida del hombre sobre la tierra más humana? Por Pedro Torres | Obispo católico y miembro del Comipaz

Mientras celebrábamos la Pascua, la muerte y resurrección de Jesús, veía en uno de los edificios religiosos del centro de Córdoba un grafiti que decía: “Somos la muerte de la moral”. Recordé la famosa expresión atribuida a Federico Nietzsche, filósofo alemán muerto en 1900: “Dios ha muerto… y lo he matado yo”, pero esta me pareció más cruda y posmoderna.

Más cruda, porque hablar de la muerte de la moral es hablar de la muerte de la conciencia y, con esta, la muerte de la libertad y de la dignidad personal. Es abrir la vida al capricho de los impulsos que justifican cualquier torpeza y crueldad. Es matar la alegría del amor que da sentido a la vida.

Muy posmoderna porque, como dicen los sociólogos que estudian la llamada “modernidad líquida”, hemos llegado a la ceguera moral –mediante un proceso de menospreciar los valores– que suprime la afinidad y empatía y nos convierte en idiotas morales, como un sociópata que puede matar lentamente a otro ser humano. Esta locura moral puede acontecer aun a los sanos: “La rutinización de la violencia y el asesinato durante las guerras conduce a un estado en que la gente deja de responder a los horrores de la guerra… de modo similar los incesantes escándalos políticos disminuyen o inhiben completamente la sensibilidad social y política de la gente”.

Los economistas señalan que las últimas crisis eco­nómico-financieras globales no fueron producidas por especulación y avaricia o por la corrupción política. Es decir, por razones éticas o de falta de ética.

Cuando se preguntan sobre la posibilidad del discurso moral, algunos filósofos afirman que la actitud actual nos ha llevado a una contradicción que produce un profundo malestar: entre el rechazo y la necesidad e incluso la nostalgia por el bien.

San Juan Pablo decía: “El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la ética… y se preguntaba: ¿este progreso, cuyo autor y fautor es el hombre, hace la vida del hombre sobre la Tierra, en todos sus aspectos, más humana?; ¿la hace más digna del hombre?”

El paso de Dios que en tiempos de Moisés liberó a la familia de Israel de la esclavitud del faraón nos enseña que los 10 mandamientos son el código de la alianza que garantiza la libertad y les da la sabiduría para constituirse como pueblo.

La moral del Antiguo Testamento se presenta entonces como la moral de un pueblo que se convierte en testimonio y anuncio para los otros pueblos, y serán los profetas quienes harán descubrir progresivamente la responsabilidad personal, sobre todo en el cuidado del pobre, del débil, del indefenso.

Con la muerte y la resurrección de Jesús, quienes lo seguimos descubrimos que la propuesta moral es mucho más que adherir a leyes o valores, es fruto de un encuentro con Él, que es criterio, medida y norma de la vida de los discípulos. Su amor es liberador y dignificante, dando el verdadero sentido a la vida. Es la fuente de la alegría del amor.

Martes 29 de Marzo de 2016

El valor de la amistad auténtica

La amistad es una vivencia maravillosa. Ser amigo de alguien implica tener una existencia llena de alegrías y satisfacciones difíciles de olvidar. Por Norberto Ruffa. Pastor evangélico,  miembro del Comipaz

Una de las vivencias más maravillosas que el ser humano puede experimentar en su vida es practicar la amistad. Ser amigo de alguien implica tener una existencia llena de alegrías y satisfacciones difíciles de olvidar.

La amistad se pone en práctica a partir de encontrar en el otro inquietudes y sentimientos que son comunes a ambos.

En esta relación, tenemos la oportunidad de cultivar, con el trato permanente y el interés recíproco a lo largo del tiempo, una serie de valores, como la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad, el compromiso y, sobre todo, el amor. Y digo sobre todo el amor porque sin él –que es el principal de los valores– resulta imposible poner en práctica todos los demás.

Es muy bueno escuchar a alguien cuando habla de su mejor amigo, pero la realidad es que no siempre es así.

En ocasiones nos sucede que, por algún motivo, la amistad se termina por diferentes circunstancias. Entonces es cuando desaparece esa relación afectuosa que se había mantenido durante tanto tiempo.

Creo que en algún momento a todos nos pasó esto y experimentamos un malestar bastante desagradable e incluso difícil de superar. Hablando de la amistad, quiero dedicar algunas líneas para contarte de alguien que es un gran amigo, no sólo mío sino también de mis hijos y de mis nietos.

Como todo amigo, es totalmente incondicional. Las veces que lo necesité, siempre estuvo a mi lado. Cuando me encuentro desanimado, tiene para mí palabras de consuelo. Cuando me faltan las fuerzas, con sus dichos me fortalece y me reconforta levantándome el ánimo.

Hace mucho tiempo que lo conozco, desde pequeño, y puedo decir que nunca me defraudó. Cuando lo conocí, en ese encuentro sentí una sensación de paz y libertad que nunca antes había experimentado.

Seguramente, estarás queriendo saber cómo se llama. Su nombre es Jesucristo. Y es a quien hoy en este espacio quiero homenajear. Fue el que dijo: “Yo he venido para que tengan vida y que la tengan en abundancia” (Juan, 10:10).

Sé que no sólo es mi amigo, sino también de otros que, como yo, necesitan de su ayuda y de su compañía. Él es quien puede ayudarnos a poner en práctica en nuestra sociedad los valores que tanto necesitamos.

Valores que son ni más ni menos que principios cristianos que él practicó y enseñó cuando estuvo en este mundo.

En estos días, millones de personas en todo el mundo lo recordaron. Recordaron su muerte, pero también celebraron su resurrección. Por eso, aunque no lo vemos, los cristianos sabemos que está presente y entre nosotros a través del Espíritu Santo.

Su presencia es la que puede producir grandes cambios en la vida de los que en él creen. Si las festividades de las Pascuas nos recuerdan un gran acontecimiento ocurrido en este mundo, quiera Dios que la venida de Cristo no haya sido en vano.

Que haya muchos corazones que puedan aceptarlo y tenerlo como amigo. Él no los va a defraudar.

Que Dios te bendiga.

Martes 22 de Marzo de 2016

Iremos

¡Qué inmundicia moral tildarse de “derechos y humanos” los que, en nombre del Estado, dejaron sin lustre semejantes vocablos! Por Marcelo Polakoff | Rabino, miembro del Comipaz

Volvió a sus hermanos y les dijo: ¡El joven ha desaparecido! Y yo, ¿adónde iré? Génesis, 37:30

El contexto de este versículo –que hace 10 años propuse para que encabezara el monumento a los desaparecidos de la comunidad judía de Córdoba– es abrumador.

El que habla es Rubén, el mayor de los 12 hijos del patriarca Jacob. Busca respuesta a dos interrogantes que, en ese momento supone, jamás hallará: el paradero de su joven hermano y, en consecuencia, el suyo propio. (¿Quién podría acaso terminar de encontrarse si no halla a su prójimo?)

El problema era Iosef (José), el que a ojos de Rubén había desaparecido. Siempre el problema es el otro. Iosef soñaba. Y, para colmo, relataba sus sueños.

“Cuando sus hermanos lo vieron desde lejos… actuaron engañosamente contra él para matarle. Se dijeron: ¡Ahí viene el de los sueños! Ahora, pues… matémoslo y echémoslo en una cisterna. Diremos que alguna mala fiera lo devoró. ¡Veamos dónde van a parar sus sueños!”. ¿Será ese ver desde tan lejos el lugar donde se desdibuja el rostro humano, donde pierde la cualidad de lo fraternal que hasta ese instante lo definía por esencia?

“Ahí viene el de los sueños”, preanuncia con bronca el texto, antes de intercalar la metodología asesina con la consecuente patraña ideada a fin de cubrir tantos huecos, sótanos o pozos…

“Veamos dónde van a parar…”, dicen, como si los sueños se frenaran, como si su marcha ya no fuese independiente aun de aquellos que los soñaron.

Iosef termina en el pozo y después es vendido como esclavo a los mercaderes de paso. Rubén mira el hueco vacío y, volviendo a sus hermanos, exclama: “¡El joven ha desaparecido! Y yo, ¿adónde iré?”.

Hasta aquí la historia del Génesis, que en esta instancia tendrá un final feliz. Veinte años después, Rubén encontrará a su hermano como virrey de Egipto y resolverá sus dudas. Ya no habrá desaparición y sabrá hacia dónde ir, al igual que toda su familia. Si estas líneas fueron aquí plasmadas es porque estamos recordando que hace 40 años comenzó en nuestro país un capítulo nefasto de un texto que todavía no tiene su punto final, aunque algunos quisieran.

¡Qué capacidad la del humano para tornarse tan inhumano! ¡Qué inmundicia moral tildarse de “derechos y humanos” los que, en nombre del Estado, dejaron sin lustre semejantes vocablos!

“Jacob rasgó sus vestiduras… y guardó duelo por su hijo muchos días”. ¿Cuántos? Muchos. La misma cantidad informe de días de tantas familias habitadas por un duelo que rechazaba ser tal, a partir de la ausencia de una certeza que a la vez se hacía y no se quería final.

Años de búsquedas, de contactos, de exilios, de apariciones en sueños y en vigilias. Años de marchas y contramarchas. Años de pañuelos, también blancos y en las cabezas.

Luces y sombras se intercalaban como en un caleidoscopio infame. Años de democracia y de juicio a las juntas. Años de obediencia debida, de punto final y de indulto. Una ecuación macabra, digna de una sociedad que lamentablemente aún no comprendió a fondo la idea de nación, sabiendo a la verdad y a la justicia como valores imprescindibles para forjar un proyecto de futuro.

Es una mitzvá , un precepto, saber adónde iremos.

Martes 15 de Marzo de 2016

Cuidar el medio ambiente

El medio ambiente siempre ha sido muy estimado por los musulmanes. Como ejemplo, podemos remontarnos a la Andalucía islámica, donde los espacios verdes tenían gran importancia. Por Ali Badrán Imán | Miembro del Comipaz

Desde hace un tiempo, los expertos le están dando mayor importancia a la conservación del medio ambiente, ya sea con advertencias, con escritos o disertaciones sobre los distintos problemas que padece nuestro planeta.

Nos sugieren medidas para preservar de la contaminación al agua, la atmósfera, el suelo, los cultivos y los animales.

Sin embargo, desde hace siglos leemos en el sagrado Corán: “¿Por ventura, no reparan en que Dios hace descender el agua del cielo así la tierra reverdece? Con esto hacemos que germinen toda clase de plantas para que les sirvan de alimento” (22-63).

El Creador de la Tierra en que vivimos nos indica cómo protegerla, nos exhorta a su reforestación, a vivificar las zonas desérticas. Todo esto nos obliga a darle importancia a la vegetación y a ocuparnos de que perdure.

Nos invita a reflexionar sobre esas gracias cuando nos dice: “Contempla las maravillas de la misericordia de Dios y cómo vivifica la tierra después de haber sido árida” (30-50).

Respecto de enterrar los desechos, nos dice el Altísimo: “Coman y beban del sustento que Dios les da, pero no obren mal la Tierra corrompiéndola” (2-60). Esto significa que no debemos devastar nuestro planeta, creando desiertos, incendiando sus bosques o eliminar los medios que mantienen el equilibrio de la naturaleza.

Cuando dice: “Hicimos brotar las fuentes de la tierra y ambas aguas se encontraron en la medida que Dios las ha destinado” (54-12), lo que está haciendo es invitar a los seres humanos a que cuiden los ríos y los mares de toda forma de contaminación, lo que en términos actuales son los insecticidas o los residuos del petróleo.

En cuanto a la contaminación atmosférica que producen los componentes nocivos, su influencia en el deterioro de la capa de ozono es preocupante. Por eso, los expertos en la materia buscan soluciones y tratan de evitar su peligrosidad.

Debemos mantener el orden en todas las cosas, con su debida reconvención, para el bien de todos los seres animados. Las bondades que nos da Dios deben ser cuidadas de los depredadores o de los atropellos del hombre contra la naturaleza. Hay que darle prioridad a la vegetación, porque no sólo nos produce deleite sino que también, como dicen algunos sabios, el verde devuelve la salud psíquica.

En cuanto al patrimonio animal, leemos en el Corán: “Coman, disfruten y apacenten vuestro ganado, que es uno de los tantos regalos que Dios les da” (20-54). Lo que nos indica que no puede haber personas hambrientas o deses­peradas, porque las reservas alimenticias que Dios nos otorga son infinitas.

El medio ambiente siempre ha sido muy estimado por los musulmanes. Como ejemplo, podemos remontarnos a la Andalucía islámica, donde los espacios verdes tenían gran importancia, así como la higiene, lo cual quedó registrado en los libros de la época.

Por último, afirmamos que el Corán nos exhorta a reflexionar en todo lo que sea beneficioso para el ser humano y lo que lo rodea Uassalamu Alaicum (la paz sea con todos).

 

Martes 8 de Marzo de 2016

Misericordia social

La misericordia es fuente de inspiración para la justicia económica y social, y aun para una política comprometida con el bien común. Por Pedro Torres / Obispo católico. Miembro del Comipaz

Los cristianos estamos recorriendo el camino de la cuaresma con una intensidad especial, por estar convocados a vivir el año de la misericordia.

Y en este caminar por la oración, el ayuno y la limosna, nos renovamos en la fuente del perdón de Dios, que nos reconcilia con él.

Pero la misericordia no es sólo un sentimiento piadoso del ámbito privado, sino un principio estructurante de toda la vida social. Como enseñaba San Juan Pablo II: Dios no es soledad, es familia, es comunión y fuente de toda comunión. Y lo hemos conocido por la encarnación de Jesús, sus gestos y palabras, su cercanía y compasión, y de una manera especial por su Pascua.

En su rostro, hemos contemplado el rostro misericordioso del Padre. Caminando como discípulos suyos, aprendemos a ser pueblo de una manera nueva.

Sería falso pensar que el orden económico y social tiene que ver sólo con cuestiones técnicas y objetivas. No, afecta a las personas y a la configuración y al cultivo de la vida humana, necesita el afecto humano y depende de que nos tratemos al menos con un poco de misericordia.

La crisis que nos envuelve en esta época de cambios profundos y rápidos es, en última instancia, una crisis antropológica y espiritual.

Algunos piensan que la misericordia inhibe la justicia, reduciendo todo a una limosna no dignificante, cuando en realidad es lo contrario: lleva la justicia a su plenitud por las exigencias del amor y hace recordar que no es la sociedad sino el creador quien otorga al ser humano su dignidad.

El amor es el punto de partida de la doctrina social de la Iglesia y el principio determinante no sólo de las microrrelaciones, sino también de las macrorrelaciones.

La misericordia es fuente de inspiración para la justicia económica y social, y aun para una política comprometida con el bien común. Incluso la misericordia, con su entrañable atención al otro, puede dar el clima que necesitamos al diálogo para resolver conflictos.

A veces parece que perdimos imaginación y creatividad, y que sólo sirve la acusación agresiva de las culpas del otro o la descalificación o el método de la huelga; es decir, del bloqueo del trabajo.

Para San Juan Pablo, la huelga es un método reconocido por la doctrina social católica como legítimo en las debidas condiciones y en los justos límites. Decía: “En relación con esto, los trabajadores deberían tener asegurado el derecho a la huelga sin sufrir sanciones penales personales por participar en ella. Admitiendo que es un medio legítimo, se debe subrayar al mismo tiempo que la huelga sigue siendo, en cierto sentido, un medio extremo. No se puede abusar de él; no se puede abusar de él especialmente en función de los ‘juegos políticos’. Por lo demás, no se debe jamás olvidar que, cuando se trata de servicios esenciales para la convivencia civil, estos han de asegurarse en todo caso mediante medidas legales apropiadas, si es necesario”.

Desde la misericordia, debemos generar formas nuevas de diálogo que promuevan la dignidad y la verdadera paz. Desde ya, feliz Pascua.

 

Martes 1 de marzo de 2016

¿Por qué tanta intolerancia?

Quienes son intolerantes no aceptan las formas de pensar de los demás, las ideas, las costumbres o las tradiciones propias de la idiosincrasia de cada uno. Por Norberto Ruffa | Pastor evangélico, miembro del Comipaz

Una de las actitudes negativas que se manifiestan en la sociedad en que vivimos es la intolerancia.

La falta de respeto hacia los puntos de vista de otras personas, cuando se insiste en la propia opinión aunque haya razones que puedan esgrimirse en contra de ella, produce una discriminación difícil de aceptar.

Quienes son intolerantes no aceptan las formas de pensar de los demás, las ideas, las costumbres o las tradiciones propias de la idiosincrasia de cada uno. Manifiestan así cierta dureza y rigidez mental en mantener sus opiniones como absolutas e inquebrantables.

La intolerancia pasa a ser la falta de habilidad o de voluntad para aceptar las opiniones que no concuerdan con las nuestras.

Lamentablemente, esta actitud motiva enfrentamientos que provocan la famosa grieta de la que todos hablan.

Aparece así la discriminación contra aquellas personas que piensan, actúan o simplemente son diferentes.

Nada justifica la violencia o la agresión de aquellos que creen que ser diferentes equivale a no ser iguales en cuanto a derechos.

Respetar al prójimo y a sus ideas –aunque no estemos de acuerdo con ellas– es importante para establecer una concordia que nos permita vivir en armonía a pesar de las diferencias.

El intolerante atenta contra las características culturales, ideológicas o religiosas propias de los seres humanos, tan necesarias estas para obtener una efectiva convivencia.

Cierto día le preguntaron a Jesús: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? Jesús dijo: “Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”.

Este es el primero y el más importante de los mandamientos. Y el segundo se le parece: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:36-39). Si amamos a Dios, esa relación íntima con él nos permitirá amar al prójimo.

El prójimo es el próximo. El que está a nuestro lado, el que convive día a día con nosotros, el que piensa y actúa diferente.

Jesús dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Sabiendo que nos amamos a nosotros mismos, nos dice que de la misma manera debemos hacerlo con los demás.

Sé que no es fácil. Sé que muchas veces somos egoístas y sólo nos interesa satisfacer nuestras necesidades personales.

Pero aquello que es difícil puede, con la ayuda de Dios, hacerse mas fácil en la medida en que permitamos que él intervenga en nuestras vidas, ayudándonos de esta manera a conseguir lo que a veces tanto nos cuesta.

Que sea difícil no significa que sea imposible. Con lo difícil tratamos nosotros, que somos humanos; de lo imposible se encarga Dios, que no es hombre, sino especialista en lo imposible. Que él te bendiga.

Martes 23 de Febrero de 2016

Honestidad brutal en Catar

Un silencio sepulcral ­recorrió el ­salón… ­Algunos se cruzaban miradas ­extrañadas; otros bajaban la vista; otros permanecían atónitos. Por Marcelo Polakoff | Rabino, miembro del Comipaz

Fue la semana pasada en Doha, capital de Catar. Estuve allí dos jornadas, en la Conferencia Anual de Diálogo Interreligioso que se realizaba en ese pequeño emirato árabe del “empetrolado” Golfo Pérsico.

En representación del Congreso Judío ­Latinoamericano, hablé de “La influencia ­negativa en la juventud por parte del liderazgo religioso radicalizado”. Compartí la charla con autoridades musulmanas de Gambia, India, Bulgaria y Kuwait, y con un obispo de la iglesia evangélica bautista de Georgia.

Con tenores e intensidades variadas y en diferentes lenguas, todos condenamos el fanatismo, advirtiéndonos de lo peligroso de su mensaje, haciendo hincapié en la facilidad con que puede prender en los jóvenes, dadas determinadas y especiales circunstancias.

Realmente esperaba una crítica al extremismo, por lo que no me sorprendían los conceptos que se vertían a diestra y siniestra. De todas maneras, fue muy bueno escucharlos, teniendo en cuenta que de los casi 400 asistentes, unos 250 eran musulmanes, más de un centenar eran cristianos y apenas un puñado pertenecíamos a la tradición judía.

Allí podría haberse cerrado mi panel, si no fuera por lo que sucedió en el momento reservado para las preguntas y los comentarios del público, que en este caso eran, por supuesto, otros líderes religiosos.

Un señor de unos 60 largos años, envuelto en un elegante atuendo árabe, con voz pausada y firme dijo algo así, de acuerdo al inglés del traductor: “Hace casi 30 años que participo en eventos de este tipo y estoy cansado de tanta hipocresía y de dobles mensajes. Escucho a nuestros amigos musulmanes hablar de una cierta manera aquí, delante de nuestros amigos cristianos y judíos, pero cuando estoy en la mezquita, muchas veces escucho un mensaje completamente diferente. Me gustaría que eso no suceda más”.

Un silencio sepulcral re­corrió el salón… Algunos se cruzaban miradas extrañadas; otros bajaban la vista; otros permanecían atónitos, sin poder captar la simpleza y honestidad de este hombre, que continuó: “Al rabino y al obispo, les digo que cuando personas de sus religiones cometen actos criminales contra gente de tradición islámica, no escucho mensajes de condena por parte de muchos de ustedes, que también me gustaría escuchar”.

Por cuestiones de tiempo, el coordinador finalizó la sesión y yo me dediqué, en medio del tumulto, a identificar al portador de tanta valentía y verdad. Lo encontré y lo felicité por sus conceptos (que de manera general comparto) y le conté que, al menos en nuestra sinagoga cordobesa, cuando hay víctimas de actos terroristas, las incluimos en nuestras plegarias más allá de su pertenencia religiosa.

El quijotesco personaje resultó ser un exembajador de los Emiratos en Washington y en Londres, así que no era un improvisado, lo que a mis ojos dio mayor validez a sus dichos.

No encontré en el resto de la conferencia mejores reflexiones. Cuando todos (recalco: todos) digamos lo mismo adentro y afuera de nuestros templos, y cuando todos (vuelvo a recalcar: todos) condenemos todo tipo de terror –más allá de quien sea la víctima o el victimario–, podré ir a Catar por más días y sólo de paseo.

Martes 16 de Febrero de 2016

La misericordia como atributo

La misericordia es una fuerza de atracción, de igual forma que es el amor que vincula a los corazones entre sí. Por Ali Badrán. Imán. Integrante del Comipaz.

El Corán está conformado por 114 suras o capítulos y cada una de ellas comienza con la frase: “En el nombre de Dios, clemente y misericordioso”. Sólo hay una excepción, que lleva el número nueve, y que se llama “El Arrepentimiento”.

Además, durante el día el musulmán repite esta frase por lo menos 17 veces, que es el número de inclinaciones que corresponden a los cinco rezos diarios.
Esta misma fórmula es la que pronuncian todos los creyentes cuando van a comer, a beber o a realizar cualquier actividad importante, ya sea una tarea manual o un escrito.

La invocación contenida en estas siete palabras es muy importante pronunciarlas al comenzar cada asunto que realicemos, ya que de esta manera se expresa el deseo de que esa actividad sea bendecida y de este modo aceptamos que el éxito depende sólo de Dios.
La misericordia en el concepto islámico es una recompensa que Dios concede a todos los seres creados y abarca a todas las cosas animadas o inanimadas.

La misericordia de Dios abarca tanto a los amigos como a los enemigos, es para los creyentes y para los incrédulos, como también lo es para los bondadosos y para los malvados, o sea que la clemencia y la misericordia de Dios abarcan todo el universo, sea lo conocido y también lo desconocido.

La palabra misericordia deriva del latín y “es una virtud que inclina a nuestro ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas”, pero en el Islam es un don y un atributo totalmente divino. El Misericordioso (Rahman en árabe) es uno de los nombres especiales que solamente se aplica a Dios y no se debe designar con ese nombre a ninguna persona.

Los profetas y sus seguidores siempre han buscado la amplia misericordia de Dios, para protegerse y salvarse en los momentos complicados y difíciles que han debido afrontar. La misericordia es una fuerza de atracción, de igual forma que es el amor que vincula a los corazones entre sí.

Según la doctrina islámica, el creyente desarrolla una relación directa con Dios, que es clemente y misericordioso, porque siempre está listo para responder a las súplicas, perdonar los errores, y escuchar a los que rezan y le ruegan su favor.
La misericordia de Dios es uno de sus atributos de su perfección, es una señal de su santidad y de los ilimitados favores que le regala a toda su creación. El profeta Mahoma (Muhammad en árabe) decía: “Dios no mostrará su misericordia a quien no es misericordioso con los demás”.

La misericordia divina no se alcanza por ningún mérito que esté relacionado con la estirpe, el linaje o los antepasados de una persona, si no que se la obtiene por la adhesión a las palabras de Dios y a sus preceptos.

Los seres humanos somos débiles e imperfectos y Dios nos ha creado así; cuando fallamos en obedecer la legislación divina, Dios está listo para perdonarnos si nos volvemos arrepentidos a Él, buscando su perdón y con la firme intención de no caer nuevamente en esa falta, demostrándonos así su clemencia y misericordia divinas.

Uassalamu Alaicum (La paz sea con todos).

Martes 9 de Febrero de 2016

Examinados en la misericordia

El papa Francisco es muy concreto en su propuesta: se accede al corazón de Dios a través de cada hombre o mujer de este mundo. Por Federico Palacios | Diácono católico, miembro del Comipaz.

Desde mañana los cristianos recorreremos el tiempo litúrgico de la Cuaresma, que nos prepara el corazón para celebrar el misterio central de nuestra fe: la Pascua, esto es, la victoria definitiva del Señor Jesucristo sobre la muerte y el pecado. Su Pascua es nuestra Pascua, ya que la elocuencia de su amor no puede más que atraernos hacia Él y su misión.

Desde el inicio hasta el final de este tiempo resuena la palabra: “conversión”, es decir volver nuestra mirada, nuestros oídos y nuestras pasos hacia el Maestro; reorientar y configurar nuestras vidas desde su Evangelio, la Buena Noticia de la alegría que, como dice el papa Francisco, “llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”.

Este año el tiempo cuaresmal estará enmarcado en el jubileo extraordinario de la misericordia.
Por este motivo, el papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2016 nos alienta a vivirla con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. Es una invitación a hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra de Dios.

Además, el Santo Padre nos recuerda que el misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel.
Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad.

El papa Francisco subraya que “estamos frente a un auténtico drama de amor” que alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre, Jesucristo. En él, Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la “Misericordia encarnada”.
Es este el corazón del anuncio de los apóstoles.

Es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado”, el primer anuncio que “siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra”.

El Santo Padre concluye su mensaje invitándonos a ser reflejo de la misericordia de Dios, reproponiéndonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las “obras de misericordia corporales y espirituales”.

Dice el Papa: “Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu (…) Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”.

El Papa es muy concreto en su propuesta: se accede al corazón de Dios a través de cada hombre o mujer de este mundo.

En el atardecer de nuestras vidas seremos examinados en la misericordia: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Evangelio de Mateo 25, 40).

Martes 2 de febrero de 2016

Hice lo que mi papá me enseñó

Cuando hablamos de los jóvenes, solemos referirnos muchas veces a los problemas de rebeldía, sin darnos cuenta de que no todos actúan igual. Por Norberto Ruffa | Pastor evangélico, miembro del Comipaz.

Hace unos años, escribí en este mismo espacio, sobre la importancia de poder ver en nuestro país un recambio generacional. Me refería a la participación de los jóvenes en nuestra sociedad en un futuro no muy lejano. Participación necesaria que contribuiría con el tiempo a generar un cambio positivo en la sociedad en que vivimos.

Decía que la realidad es que en cada provincia, en cada ciudad, en cada pueblo, en cada barrio, en cada rinconcito de la Argentina, hay jóvenes preparándose para intervenir.
En la actualidad veo con mucha satisfacción que ese cambio ya se está dando. Hace unos días leí en este diario una estadística en la que se mencionaba la gran cantidad de gente joven que está ocupando actualmente cargos de importancia en el país.

Son jóvenes que están ejerciendo una ¬autoridad que les permite sobresalir en la ¬sociedad.
Cuando hablamos de los jóvenes, solemos referirnos muchas veces a los problemas de rebeldía y de conductas equivocadas que presentan, sin darnos cuenta de que no todos actúan de la misma manera.

Hay quienes tienen ciertos comportamientos que nos permiten maravillarnos al ver los resultados de los actos que realizan. Un ejemplo de esto es lo que vimos recientemente en todos los medios. Un joven de 15 años Juan, “el bomberito”, salvó la vida de una beba de apenas 7 meses que había sido atropellada por un vehículo. La llevó en sus brazos hasta el hospital y le hizo reanimación cardiopulmonar (RCP) hasta conseguir que la niña reaccionara.

Cuando los periodistas lo trataron como un verdadero héroe, dijo una frase que me impactó y que es el título de este escrito “Hice lo que mi papá me enseño”.
El padre que es bombero le había enseñado esa técnica. Después, con el correr de los años, el joven pudo usarla para salvar una vida.

A la madurez con que Juancito resolvió esta si¬tuación (simplemente por poner en práctica lo que su papá le enseñó), hay que agregarle la formación y educación que este hombre le impartió. Por eso el joven dijo otra frase igualmente impactante: “Le agradezco todo a mi papá”.

Mientras leía esto, pensaba en la importancia de poder transmitir a los hijos valores, principios y todo tipo de enseñanzas por más sencillas que sean, sabiendo que tarde o temprano las van a poner en práctica.

Creo que el padre de Juancito nunca se imaginó que aquel conocimiento que le transmitió a su hijo cuando era pequeño le serviría para salvar una vida. En la Biblia, en el libro de Proverbios (22-6), dice: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”.

Cuando los niños son instruidos en el camino correcto, como dice la escritura, difícilmente de jóvenes presenten serios problemas de conducta.
Por eso mas allá de lo que se pueda ver u oír, podemos decir que no todo está perdido. Que las buenas enseñanzas impartidas a los niños o a los jóvenes en la actualidad sirvan para que nunca se aparten del buen camino.

Todavía estamos a tiempo. Que Dios nos ayude.

Martes 26 de Enero de 2016

La mitad de monseñor Ñáñez

Con su estilo sencillo, suave, cercano, afable y sin ninguna estridencia, monseñor Ñáñez ha hecho de su servicio pastoral un faro. Por Marcelo Polakoff | Rabino

¿Hay límites para hablar bien de alguien? Parece una pregunta de poca monta, y sin embargo la ley judía le dedica a esta temática unas cuantas páginas de su ancestral jurisprudencia. Es que, aunque supongamos que nada hay de malo o peligroso en ello, hay que reconocer que la cuestión amerita algún pensamiento.

Los sabios talmúdicos recurren al texto bíblico para hallar respuestas divinas (en todo el sentido de la palabra) y descubren que el Creador, al elegir a Noé para salvarlo del diluvio y recomenzar junto a su familia una nueva humanidad, lo describe en tercera persona como un “hombre justo e íntegro¨. Un dato superfluo, salvo que se note –como aquellos maestros lo hicieran– que al avisarle de su elección Dios le indica que lo hizo por hallarlo “justo”. ¿Pues dónde quedó, entonces, su integridad? La conclusión rabínica es magistral: señala que uno puede hablar ilimitadamente bien de un prójimo siempre y cuando no esté presente; si ese es el caso, hay que decir tan sólo la mitad de sus bondades –a la usanza divina– a fin de evitar que sea presa del orgullo o el engreimiento.

Dicho esto, y a pesar de que no creo que en este caso haga falta ese prudente cuidado, les voy a referir tan sólo la mitad de las virtudes del arzobispo Carlos José Ñáñez, ya que es probable que nos esté leyendo ahora…

Nuestro querido monseñor ha cumplido 25 años desde que fuera ordenado obispo, y este último domingo se realizó una celebración especial a la que no pude asistir por encontrarme de vacaciones. Estas líneas tal vez reparen esa ausencia, porque Carlos ha sido y es para nosotros (mi familia, mi comunidad y, permítanme agregar, a la mayoría de los cordobeses) una bendición.

Con su estilo sencillo, suave, cercano, afable y sin ninguna estridencia, ha hecho de su servicio pastoral un faro del que mucha gente –de diversos y variados sectores– recibió parte de su luminosidad. Su cálida amistad me permitió aumentar mi admiración por el mensaje de la tradición católica y mi cariño hacia su grey.

Escucharlo es siempre un placer, ya sea en sus homilías o en la sinagoga, cada vez que nos honra con su presencia.
En términos de su generosidad, debo destacar un solo gesto que grafica la calidad de su persona. Hace muchos años, por su propia iniciativa, Carlos se acercó al Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz) diciendo literalmente: “A la patria la hacemos entre todos”. Proponía compartir el 9 de Julio de manera interreligiosa, algo que hasta ese momento era monopolio del catolicismo.

Para ese tipo de actitudes se precisa una visión única, algo que precisamente se halla en la raíz de la palabra “obispo”. En griego se dice episkopos , siendo epi aquello que está “por encima” (como la epidermis) y skopos la facultad de “mirar”, de “observar”.
¿Y de dónde vendrá esa raíz griega si no acaso del hebreo? Es que haShKaFá significa “visión” o “perspectiva”, y de esa trilátera raíz provino skopos .

Carlos (o monseñor Ñáñez, como prefieran) es exactamente así: un obispo de una gran visión, con una capacidad enorme para mirar más allá. Y aquí me detengo, ¡no vaya a ser que me pase de la mitad!

Martes 19 de Enero de 2016

El pecado de la lujuria

Una distinción del lujurioso es su eterno apetito por vivir a su manera. No existe una forma única de atenuar la lujuria, pero podemos calmarla renunciando a algunos deseos mundanos. Por Ali Alejandro Badran | Imán, miembro del Comipaz.

Cuando cursaba los estudios secundarios en el Colegio Nacional Agustín Álvarez de Mendoza, aún se daban clases de Religión, pero los que profesábamos otra religión que no fuera la católica, recibíamos clases de Educación Moral. Me viene a la memoria cuando el excelente profesor que teníamos nos habló sobre los siete pecados capitales. Nos dijo que memorizáramos una regla mnemotécnica con la palabra “lapiges”, que nunca olvidé y que está conformada con la primera letra de los mencionados pecados: lujuria, avaricia, pereza, ira, gula, envidia y soberbia.

La lujuria es un vicio que se opone a la virtud de la castidad. Es la abundancia en algunas cosas que estimulan todos los sentidos. La palabra lujuria deriva del latín lupus , que quiere decir abundancia. El término “lujurioso” es usado como adjetivo para señalar al individuo que está entregado a la lujuria, mientras que “lujuriante” es el individuo vicioso y que posee enorme abundancia.

Los comportamientos lujuriosos tienen como característica fundamental el arrebato o la furia descontrolada que se manifiesta en cualquier comportamiento. También podemos decir que la lujuria está relacionada a los pensamientos de deseo y posesión con respecto a otra persona; y como consecuencia de ello, el individuo puede convertirse en peligroso, pudiendo adquirir un nivel patológico.

En el caso específico del islam, la lujuria es rechazada y combatida totalmente, en especial cuando se trata de relaciones carnales fuera del matrimonio.
Hay quienes sostienen que esta pasión de intensidad no se manifiesta exclusivamente como una lucha por el estímulo carnal, sino también por la continua persecución de estímulos vitales de toda clase; como son los grandes proyectos, las luchas encarnizadas para obtener bienes materiales, las reacciones desmedidas como manejar a altas velocidades, también poner música a alto volumen o lo que sea con tal de autoestimularse. Una de las distinciones del lujurioso es su eterno apetito por vivir a su manera.

Podemos recordar al escritor italiano Dante Alighieri quien, en su obra La Divina Comedia , describe el paraíso, el purgatorio y el infierno. En este último se ubica a los pecadores en distintos círculos, siendo el número dos el círculo que pertenece a la lujuria. Asmodeo es el demonio responsable de pervertir a los seres humanos, de motivar su voluptuosidad y hacer que las almas sean condenadas al segundo círculo del infierno. El tema de la lujuria da motivos para mucha imaginación.

Un destacado estudioso de la religión islámica sostiene que para combatir la lujuria, no hay nada mejor que cumplir con lo que Dios Todopoderoso nos ha ordenado, estando entre ello el contraer matrimonio, que es la base de la seguridad, la convivencia y la estabilidad; conformando una verdadera familia, siendo la familia el núcleo fundamental en toda sociedad.

No existe una manera única de atenuar la lujuria, pero la gracia de Dios nos permite calmarla renunciando a algunos deseos mundanos, deseando siempre gozar de una vida feliz, sobria, justa y piadosa.

Martes 12 de Enero de 2016

Luchar contra la indiferencia

No caer en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad; en el cinismo que destruye. Por Federico Palacios / Diácono católico, miembro del Comipaz.

Como es habitual, el pasado 1° de enero se celebró la Jornada Mundial por la Paz, que iniciara el beato Pablo VI en 1968. El lema de este año es: “Vence la indiferencia y conquista la paz”.
El mensaje que el papa Francisco pronunció con motivo de esta jornada comienza con una afirmación que nos muestra la piedra fundamental de todo esfuerzo por la paz: “Dios no es indiferente. A Dios le importa la humanidad, Dios no la abandona”.

Y la prueba contundente es aquello que hemos celebrado en Navidad: el Dios hecho hombre, es decir, aquel que de ser fuerte y rico pasa a ser frágil y pobre. Le importamos a tal punto de “enloquecer de amor” por nosotros.
El Papa nos contagia su comprometido optimismo, exhortándonos “a no perder la esperanza en la capacidad del hombre de superar el mal, con la gracia de Dios, y a no caer en la resignación y en la indiferencia”.

Para que no parezca un optimismo idealista, reconoce numerosos ejemplos que “representan la capacidad de la humanidad de actuar con solidaridad, más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la indiferencia ante las situaciones críticas”.

Ya en la bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia, Francisco había llamado la atención en no caer “en la indiferencia que humilla”.
Nos presenta algunas formas de indiferencia. La primera es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y lo creado. El hombre piensa ser el autor de sí mismo, de la propia vida y de la sociedad, se siente autosuficiente, busca prescindir completamente de él.

Luego nos presenta la indiferencia ante el prójimo: “Hay quien está bien informado (…), pero lo hace de manera frívola, casi por mera costumbre: estas personas conocen vagamente los dramas que afligen a la humanidad, pero no se sienten comprometidas, no viven la compasión. Esta es la actitud de quien sabe, pero tiene la mirada, la mente y la acción dirigida hacia sí mismo”.

En otros casos, dice el Papa, “la indiferencia se manifiesta como falta de atención ante la realidad circunstante, especialmente la más lejana. Algunas personas prefieren no buscar, no informarse y viven su bienestar y su comodidad indiferentes al grito de dolor de la humanidad que sufre”.

En el mensaje del Angelus del pasado 1° de enero, el Papa además nos decía: “La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros. Y debe ser también ‘conquistada’. Esto implica una verdadera lucha, una lucha espiritual que tiene lugar en nuestro corazón”.

Como afirmaba el papa Benedicto XVI, “existe un vínculo íntimo entre la glorificación de Dios y la paz de los hombres sobre la tierra”. En efecto, sin una apertura a la trascendencia, el hombre cae presa del relativismo, y le resulta difícil actuar de acuerdo con la justicia y trabajar por la paz.

En cambio, si nuestra lucha espiritual va orientada en este sentido, se hará realidad la profecía de la noche de Navidad y nuestras voces podrán unirse a aquellas del coro de ángeles de Belén: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por Él” (Lucas 2,14).

Martes 5 de Enero de 2016

Un Año Nuevo con nuevas fuerzas

Terminamos un año y nos enfrentamos al nuevo con muchas expectativas. Comenzamos a transitar un tiempo que no conocemos, y el hecho de tener que afrontar el futuro puede producir un temor que no es fácil de superar. Por Norberto Ruffa / Pastor evangélico, miembro del Comipaz.

Terminamos un año y nos enfrentamos al nuevo con muchas expectativas. Comenzamos a transitar un tiempo que no conocemos, y el hecho de tener que afrontar el futuro puede producir un temor que no es fácil de superar.

Algunos acontecimientos vividos en 2015 trajeron consigo un cansancio físico o mental, lo que dificulta la posibilidad de desarrollar de forma eficaz todo lo que tenemos por delante, en 2016.
Los años pasan y con el correr del tiempo nos damos cuenta de que las fuerzas necesarias para enfrentar las circunstancias de la vida ya no son las mismas. Sin fuerzas, es imposible avanzar.

Muchas veces observamos que estar debilitado o desanimado atenta contra la posibilidad de obtener determinados logros, importantes para desarrollar una vida plena de paz y felicidad.
Alcanzar la felicidad es muy importante para el ser humano. El apóstol Pablo dice en el segundo Corintios 4-16: “Por tanto no desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día”. Esto es una gran verdad. Mientras el hombre exterior se desgasta con los años, es posible que el otro hombre (el interior) vaya renovando sus fuerzas, para seguir viviendo pese a las circunstancias, por negativas que sean.

Sé que, como se dice popularmente, del dicho al hecho hay mucho trecho, pero renovar las fuerzas no es una utopía, sino que puede ser una realidad, con la ayuda de Dios, tal como Pablo lo menciona.

Conozco a personas de edad muy avanzada que, aunque físicamente se las ve muy deterioradas, están renovadas en su mente y en su espíritu, de tal manera que son un verdadero ejemplo a seguir y un desafío para las nuevas generaciones.
El profeta Isaías dice: “Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas, como las águilas; correrán y no se cansarán, y no se fatigarán”.

Tanto Pablo como Isaías sabían bien de lo que estaban hablando, tenían autoridad para decir lo que decían, pues en muchas oportunidades habían experimentado el poder de Dios en sus vidas.
Ese poder sobrenatural que puede cambiar los sentimientos negativos que producen frustración y cansancio y transformarlos en sentimientos positivos, necesarios para alcanzar una vida victoriosa.

Cuando Isaías habla de “levantar las alas”, simboliza la posibilidad de elevarse por sobre los problemas y las dificultades, para poder, como las águilas, minimizarlos viéndolos desde arriba, de forma que estos parezcan muy pequeños.
Lograr nuevas fuerzas tiene que ver con encontrarse con Cristo; él es el que puede hacer que el cansancio desaparezca.

Dice “correrán y no se cansarán”. Es probable que en este año que comienza tendremos que correr bastante para obtener los resultados que estamos anhelando.
Para ello, necesitamos un encuentro con él. Ese encuentro nos dará la fuerza que nos permita llegar a la meta y no quedarnos a mitad de camino.

El año recién empieza. Hay mucho camino por recorrer. Busquemos al Señor ahora; él no nos va a defraudar. Dios nos bendiga y su fortaleza nos esté acompañando en 2016.

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